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Primeros pasos en la literatura (reseña autobiográfica del aprendizaje; primera recepción en Chile).
El piano (ejemplos en mp3 página abajo / Klavieraufnahmen als mp3 am Ende der Seite).
Antes de viajar a Alemania en 1957 con una beca del DAAD dos ciclos de poemas habían sido terminados. Algunos de estos poemas fueron traducidos al alemán y publicados en 1960 en Freiburg en la revista Golem 1'1 en colaboración con Reinhard y Friedhelm Döhl (ej. p. 5; cf. el original en Artes poéticas). En la Universidad de Freiburg asistí a diversos seminarios. En París seguí los cursos de lingüística general de André Martinet en el marco de la licencia de letras. Con su apoyo obtuve una beca del gobierno francés. En 1969 fue publicado en Freiburg el libro los paraguas del no, inscrito ese año en Santiago en el Registro de la Propiedad Intelectual (Nr. 36354); recensión en La Prensa en 1971. En 1995 la editorial Pfau asumió la distribución: pdf.
En 1973 el impacto de los sucesos en Chile motivó el poema Chile o el pfisco sauer que pasó a formar parte de la Sinfonía para nombres solos: ciertas palabras adquieren un especial valor sonoro y visual, como si no se tratara de palabras, sino de personajes solistas, nombres solos. El encuentro entre idiomas promovió así un proceso de personificación de las palabras plasmando la visión de un idioma aún no nacido: The Europitch, en castellano chileno El Europicho, título de mi segundo libro publicado en 1983 y en 1996. Escritores de renombre, entre otros Eugen Gomringer, Antonio Skármeta, Raúl Zurita y Waldo Rojas, lo comentaron en calurosos términos: extractos. Separadamente, Chile o el pfisco sauer apareció como álbum.
Mal podría incluirse en estos primeros pasos un comentario sobre la recepción en la prensa chilena. Habría que ganar distancia, tener una perspectiva. ¿Quizás el pisco puede ayudar a entreverla? Hay uno llamado precisamente Mal paso. El rótulo presenta las palabras reunidas señalando la letra final con el número cero: MALPAS0. Con esta ayuda estamos en medio del tema. La recepción en la prensa chilena fue o bien excepcional (recensión de los paraguas del no en 1971) o inexistente. La mudez no ha variado y tampoco la arrogante desinformación, la silenciosa complicidad acallando cualquier opinión diferente, fomentando lo subrepticio y falacioso y practicando una censura que ni siquiera se reconoce como tal.
Hay quienes se alimentan de frutos, otros de leyendas. Por cierto, el mal paso existe. Acerca de uno, la familia escribió en una oportunidad una carta al diario La Nación. El director, Juan Walker Edwards, la acogió añadiendo un extenso comentario: Link al Archivo del Proyecto Patrimonio.
Mi interés y placer de escribir proviene en cierto modo de mi padre, Manuel Rosenmann Levin, de una manera más bien ‹gestual›, aparentemente no premeditada, es decir sin intervención directa y activa suya. Su influencia se relacionaba con su modo de ser, de sentir y ver el mundo, su afición a los idiomas, su facilidad de aprenderlos —aunque con sus hijos no hablaba otra lengua que el castellano— y su inclinación por la literatura que puede apreciarse en el relato Memorias de una vida pasada, escrito después de su emigración de Polonia a Chile como un diario de vida, cuando aún estaba aprendiendo el idioma. Traté de evocarlo en un poema (memoria, en Breviario) citando su diario de vida que así, aunque sólo en pocos fragmentos, fue publicado por primera vez. La imagen del diario (un gran volumen negro, empastado, con letras doradas en el lomo), sabiendo que había sido escrito por mi padre cuando joven antes de mi nacimiento, me transportó muchas veces desde que tengo recuerdo a un mundo lejano, intocado, y sin embargo al alcance de la mano, sin alarde literario a pesar de la ambición literaria evidente y por lo mismo inocente.
En un comienzo, mi educación no fue sistemática. Aprendí a leer a los cuatro años con mi madre y a los seis, con mi abuelo materno Jacobo Taub, a jugar ajedrez. El primer intento de escribir fue de largo aliento: un minucioso diario de vida en varios cuadernos escrito con gran esmero de los seis (o siete) a los ocho años. Ingresé al Liceo de Aplicación poco antes de cumplir nueve años. A los doce tuve ocasión de seguir de cerca la marcada evolución literaria de mi hermano. En esa época escribí dos breves relatos que interesaron a mi profesor de Matemáticas, el Sr. Ávila, director del departamento de cinematografía educativa de la Universidad de Chile, que me incitó a seguir escribiendo. Mi primer poema, concebido y sentido conscientemente como tal, fue un Nocturno escrito a los 16 años. Sin premeditación retoma ciertos motivos del relato Sucedió entre grillos.
PDF: Sucedió entre grillos (1945). Primera página del Nocturno (1948). Ambos pdf son copias de los originales escritos a máquina. Las correcciones manuscritas fueron añadidas varios años después.
El piano
Antes de aprender a leer, de muy pequeño y según mis medios, tocaba al piano de oído melodías que escuchaba, incluso algunas de considerable extensión y complejidad, pero hasta los once años no hubo mayores progresos. Ciertas vivencias fueron importantes: escuchar discos en la antigua victrola; escuchar tocar el piano a mi madre, en especial Bach, Beethoven, Chopin, a menudo recostado debajo del piano porque así la sonoridad era extraordinaria. Hasta ahora recuerdo cada una de las piezas y tengo presente mi impresión y mis pensamientos. Muy raras veces el escuchar música pudo después alcanzar la intensidad de entonces. (Mi madre sigue presente, en algunos de mis textos de manera directa: los paraguas del no, pág. 58; Breviario, págs. 41-43; Invitación al garabato, pág. 17, y otros. Link a Dora Taub.)
Una de las experiencias más intensas fue motivada por la película Fantasía de Walt Disney, cuando tenía nueve años. La vi numerosas veces. A los doce años, alentado y dirigido por mi madre y mi hermano, ingresé al Conservatorio Nacional a la clase de piano del maestro Roberto Duncker Lavalle. El aprendizaje fue severo, intenso y grato, con rápidos progresos. (Con el Sr. Duncker había que guardar distancia, pero la música podía superarla: una mañana vino a la casa sin previo aviso para examinar mi piano de estudio.) Participé en presentaciones de alumnos privadas y públicas obteniendo el premio Pochita Núñez otorgado al mejor alumno de la institución. Después del fallecimiento del maestro Duncker proseguí los estudios con la maestra Cristina Herrera. Al cabo de poco tiempo, se anunció un primer recital en la Sala de Audiciones del Conservatorio (El Mercurio, 20.10.1947). Obtuve el premio Centenario del Conservatorio, el premio Oriol y actué como solista con la Orquesta Sinfónica de Chile interpretando el concierto en do menor de Mozart KV 491 bajo la dirección del maestro Víctor Tevah. Ofrecí recitales en varias salas de Santiago, Viña del Mar (Quinta Vergara) y Valparaíso (Universidad Santa María). Jorge Peña me invitó junto con el cantante Miguel Concha a dar una gira de conciertos en La Serena y Ovalle. Por iniciativa del compositor Juan Amenábar grabé un disco con obras de Tomás Lefever, Amenábar y propias. Siendo aún estudiante fui docente en el Conservatorio Nacional. Al finalizar los estudios obtuve el premio Orrego Carvallo, el más alto galardón en Chile concedido a los pianistas.
En una oportunidad postulé a un concurso de composición de la Universidad Católica de Chile con mis Preludios para piano bajo el seudónimo de E. Fourier. Acerca del correspondiente concierto en la Universidad, el crítico musical Dr. A. Goldschmidt señaló: «La mejor música que se presentó fue una obra de E. Fourier, interpretada en forma muy musical por Mauricio Rosenmann. Se trata de una concepción formal bien fundamentada, en que la idea de verdadera imaginación natural está desarrollada con sentido orgánico; además que esta obra contiene una substancia emocional y sensitiva que parte en forma personal desde un moderado modernismo sin retorsiones. Es música definida en idea y hechura.» (Los Tiempos, Santiago, 10.06.1954).
En 1956 tuve que reducir las actividades por una afección a las muñecas. A fines de ese año participé junto con Clara Oyuela y Federico Heinlein en un recital en el Instituto Chileno-Alemán de Cultura. El maestro Juan Orrego Salas, en aquel entonces también crítico musical, expresó: «Completó el programa la actuación del joven, refinado y talentoso pianista Mauricio Rosenmann, quien interpretó con perfección y equilibrio una Sonatina de Bartok que sin duda no corresponde a la grandeza de su autor, tres obras de Debussy, donde la atmósfera poética impresionista fue exteriorizada con soltura y buen gusto, una composición breve de Scriabin, poco interesante comparada con otras creaciones de este autor, un hermoso Estudio de Pedro Humberto Allende y la obra titulada «Sonata, Canción y Danza» del joven compositor chileno Tomás Lefever. Lefever con su obra ha realizado un nuevo aporte a la literatura pianística chilena, con méritos reconocibles, sobre todo en lo que se refiere al apropiado uso del instrumento. Se trata de un compositor de talento de quien cabe esperar resultados brillantes en el futuro.» (El Mercurio, 6.12.1956). [Nota: la composición de Tomás Lefever tenía por título "Sonata"; "Canción y Danza" era una obra de Mompou.]
Antes de viajar a Alemania con una beca del DAAD, fui alumno privado de Gerd Zacher que en esa época era organista en Santiago. Una vez en Alemania tuve oportunidad de estudiar piano en Stuttgart durante dos años bajo la dirección del renombrado maestro Wladimir Horbowski, eslabón en la tradición de Busoni y de Rachmaninoff; en composición fui alumno de Hermann Reutter. En Freiburg ingresé a la Meisterklasse de composición de Wolfgang Fortner y comencé los estudios de órgano que continué en París en la escuela César Franck con el maestro Edouard Souberbielle, organista del Institut Catholique. Después de finalizar los estudios en el Conservatorio de París en la clase de Olivier Messiaen con el premier prix —el maestro me otorgó extra de su puño y letra un certificado—, volví a Alemania y rendí el examen de composición en la Musikhochschule de Freiburg (Künstlerische Reifeprüfung in Komposition und Musiktheorie) bajo la dirección de Fortner.
Siendo ya docente en el mismo establecimiento, absolví además el examen de profesor de piano. Gracias a un tratamiento con el Dr. Georg Hohmann de la Universidad de Munich, había podido superar en gran parte la enfermedad de las muñecas prosiguiendo la actividad como pianista hasta la fecha, si bien no siempre de manera pública. El programa del examen de piano comprendió obras de Bach, Scarlatti, Beethoven, Schubert, Chopin, Debussy, Ravel, Schönberg y Webern. Como ejercicio previo grabé en mi domicilio algunas de estas composiciones en un antiguo piano vertical Riethmüller de doble resonancia. La afinación del instrumento dejaba mucho que desear así como la grabación y las condiciones de la misma. Aunque estos factores disminuyen la calidad de manera sensible, no deberían ser un obstáculo insuperable en cuanto a una impresión general.
Beethoven.mp3
Ludwig van Beethoven, Sonata en la bemol mayor op. 110 (NB: la activación de la grabación requiere tiempo / Anm.: die Aktivierung der Aufnahme nimmt Zeit in Anspruch).
Moderato cantabile molto espressivo
Allegro molto
Adagio ma non troppo - Arioso dolente
Fuga - Allegro ma non troppo - Listesso tempo di Arioso - Listesso tempo della Fuga poi a poi di nuovo vivente (poi a poi più moto)
Scarlatti.mp3
Domenico Scarlatti, Sonata en sol mayor, Longo 124
Allegro
La grabación de ambas piezas fue hecha sin interrupción y sin ninguna manipulación ulterior. Formaron parte de la comisión del examen el maestro Prof. Jürgend Klodt, Prof. Carl Seemann, ex director de la Musikhochschule de Freiburg y renombrado pianista y el jefe del departamento de pedagogía musical Prof. Dr. Lars Ulrich Abraham, director de la Hochschule.
En Essen, siendo profesor titular de la Folkwang Hochschule (Folkwang Universität der Künste), la experiencia pianística pudo profundizarse con la colaboración de los eximios pianistas que estrenaron mis composiciones: Felix-Michael Deichmann (vis-à-vis), Till Engel (Ground), Martin von der Heydt (Madam Czerny). Los estudios de piano y la experiencia instrumental cristalizaron en Madam Czerny (2003-2010), el primero de los estudios para piano solo, en donde se intenta realizar, en un homenaje fiel hasta la caricatura, ciertas ideas de Chopin sobre la ejecución pianística que él expresó en su música y precisó en sus clases y en su escrito Esquisses pour une méthode de piano, inconcluso y durante largo tiempo incomprendido. El aprendizaje con los maestros Wladimir Horbowski y Jürgend Klodt se basó directa o indirectamente en esas ideas y en su tradición, en especial en relación con la disposición simétrica de ambas manos y la desigualdad constitutiva de los dedos que para Chopin es una de las cualidades pianísticas y no un defecto o una desventaja a superar, como mayormente se cree.
Madam Czerny.mp3
Pianista: Martin von der Heydt, el 16 de octubre de 2010 en Santiago. Recital en el GAM (Centro Cultural Gabriela Mistral). Duración: 12' 40'' (duración ideal: ca. 10').
La composición de la pieza no hubiera sido posible si Heiner y Rotraut Sanwald en Freiburg no hubieran puesto a mi disposición, sin conocerme personalmente, su sala de conciertos y sus instrumentos, día y noche, durante una semana. La pieza les está dedicada.
Durante mi estadía en Santiago en 2010 y 2011, participé con Raúl Zurita y Felipe Cussen en el lanzamiento de Solo por ser usted en el Instituto Chileno-Alemán de Cultura comentando al piano mediante un preludio de Debussy la estructura de las alteraciones en uno de los textos (link). Asimismo participé junto con destacados solistas en los conciertos en homenaje a W. A. Mozart y Ludwig van Beethoven en la sala Shostakovich ejecutando la sonata en re mayor KV 576 de Mozart y acompañando a la soprano Gabriela Lehmann. Tuve el gran placer de reencontrar a mi maestra, doña Cristina Herrera, y charlar con ella en su casa, frente al mismo piano donde solía darme clases durante las vacaciones.
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